El dÃa próximo, la conversación otra vez se volvió a Pilo. Al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que todos los presente, salvo el hermano menor de Pilo, Mario, todos eran ex combatientes guerrilleros. –Murió en balde- dijo Licho. Los otros ex combatientes estaban de acuerdo. -¡No! ¡No! ¡Eso no es cierto!- protestó Mario. En su desesperación, me agarró por el brazo y la camisa, sacudiéndome, exigiéndome -¡DÃgales que eso no es cierto! ¡DÃgales! ¡DÃgales!-
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