REFLEXIÓN DE IRAK: La hospitalidad extravagante
redECAP
19 de Julio 2010
REFLEXIÓN DE IRAK: La hospitalidad extravagante
por David Hovde
Durante la primer semana que llegué a Irak, viajé con el equipo de ECAP a la ciudad donde vivimos, Suleimaniya, al campo interno de Zharawa, para las personas desplazadas. Las personas que viven en este campamento tuvieron que abandonar sus tierras, que están en la frontera con Irán, debido a que los militares Iranies y Turcos constantemente bombardeaban las áreas, que dicen tener como blanco a los grupos Kurdos de la resistencia.
El dÃa estaba muy caliente, y el campamento no tenÃa sombra. El material de las tiendas
era viejo, y algunas costuras se estaban separando. Más tarde supe que cada tienda ubicada para dos familias.
Varios hombres nos recibieron y nos condujieron a una tienda de campaña. Nos sentamos en la alfombra en un lugar reservado para los visitantes y nos sirvieron vasos de agua fresca. Mientras que hablamos, alguién mencionó sobre el ruido de las bombas o proyectiles en la distancia. Los hombres del campo dijieron que el gobierno habÃa dicho que el equipo venia con nuevas tiendas de campaña, pero nunca llegarón. Un incendio quemó una tienda de campaña y las ocho personas que vivÃan en ella tuvieron que irse a vivir con otras familias. Las familias no han recibido ninguna ayuda alimentaria desde el año pasado y no han sido capaces de trabajar sus tierras en la frontera por los tres años. Las bombas siguen cayendo.
"Pedimos que pararan de los bombardeos. O bien, si esto no fuera posible, queremos vivir aquÃ. Pero, necesitamos ayuda del gobierno o de alguna organización" los hombres dijeron. Estuvimos de acuerdo en que Ãbamos a acompañar a algunos de los residentes del campamento a una reunión con el alcalde de la localidad.
Antes de salir del campamento, una familia nos dió una bebida de yogur fresco.
Luego fuimos a la ciudad cercana de Rania, a la casa de un reportero de television que estaba en el campamento con nosotros. Ha realizado informes sobre la situación de la gente en el campamento. Él y su esposa tienen tres hijos: dos niñas y un niño. Nos sirvieron un plato tradicional de pescado con arroz, servido en el mantel sobre el suelo.
Los niños estaban alegres y jugando con globos por ahà con nosotros. Justo antes de que nos fueramos, la familia nos servió un plato de frutas. Cuando les di las gracias y mencione que la comida era deliciosa, nos dio las gracias por haber venido desde nuestros paÃses para hacer el trabajo que estamos haciendo.
Mientras nos dirigÃamos a casa a través de las montañas del desierto, me sorprendió lo hermoso que era la tierra. También estaba asombrado por la hospitalidad extravagante recibida que tuvimos.