RELEXIÓN DE IRAK: Familias kurdas comparten su pena, sus vidas
redECAP
23 de julio 2010
RELEXIÓN DE IRAK: Familias kurdas comparten su pena, sus vidas
por Peggy Gish
¿Qué se le dice a la madre y padre de una niña de 14 años que fue muerta hace un mes en un bombardeo al lado la frontera? Nos enfrentamos con esa pregunta el 6 de julio cuando miembros de nuestro equipo se sentaron con esos padres en su hogar en Rania, Irak, para expresar nuestra tristeza por su pérdida. Hablamos brevemente sobre nuestro trabajo monitoreando los ataques entre fronteras, asistiendo a familias que son víctimas, y visitando Weza, la aldea donde su hija, Basoz, fue muerta por bombardeo Iraní. Pronto su familia sacó fotos y nos sentimos enlazados como humanos mientras ellos hablaban triste pero amorosamente sobre ella.
Dijeron que Basoz y su hermana estaban preparando el té para los demás miembros de la familia que estaban sembrando cuando el bombardeo inició. “Gracias a Dios que nuestra otra hija fue a llamar a los demás para tomar el té antes que el cohete explotó matando a Basoz,” dijo el padre.
Dos días después de nuestra visita, asistimos a una ceremonia pública en honor a Basoz patrocinada por una organización local cívica. Una vez más, en medio de su dolor, nos acogieron en sus vidas.
El programa incluyó la presentación de un documental de un reportero local de televisión sobre los ataques entre fronteras, los aldeanos desplazados y la muerte de Basoz, y además, un video corto hecho por la ECAPera Chihchun Yuan sobre los efectos de los ataques en los aldeanos. Uno de los líderes del campamento de tiendas de campaña Zharawa “IDP” (de personas desplazadas internamente) habló brevemente sobre el desplazamiento de sus aldeas. El breve comunicado de nuestro equipo hizo un llamado para una resolución pacífica de los conflictos fronterizos. (El equipo también creó una presentación de imágenes de Basoz).
Esa noche, nos sentamos sobre una losa de cemento a la par de la tienda de la familia en el campamento de tiendas Zharawa, donde nuestros anfitriones nos sirvieron arroz, pan, vegetales, y bebida de yogurt. La comida parecía lujosa en este ambiente. Luego de la cena, otros del campamento se nos unieron y pasamos la noche escuchando sobre sus familias, mirando fotos de sus familiares, y divirtiéndonos con los niños. Esa noche, dormimos en esteras en el piso de un albergue de otra familia, que consistía de un techo de paja sobre postes a la par de su tienda.
En la mañana, dos niñas de nuestra familia anfitriona estaban sentadas tejiendo una pulsera con abalorios en un telar casero. Al lavarnos en el grifo contiguo a la tienda, vimos pequeños retoños de sandía cuidadosamente sembrados y cuidados.
Rodeados por tiendas desgastadas por el clima y la tierra con gravilla en el campamento de tiendas, de nuevo fuimos privilegiados al ser bienvenidos a las vidas de esta gente atenta, trabajadora. Ellos han sido la columna vertebral de la economía agrícola del Irak Kurdo, pero ahora son vistos como dispensables mientras las partes en conflicto continúan sus batallas. Para algunos, son sólo cantidades de personas desplazadas, pero para nosotros, son madres con bebés risueños en sus regazos, viejos y viejas cuyos ojos brillan cuando se acuerdan de la belleza de sus vidas en sus aldeas montañeras, y de l@s niñ@s que desean algo mejor para su futuro.