IRAK: De las aldeas en la montaña a los campamentos

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redECAP
9 de agosto, 2010
De las aldeas en la montaña a los campamentos
Por Peggy Gish

El camino curveado y lleno de baches, que pasaba por un arroyo poco profundo nos llevó a la aldea montañosa de Sarkhan. Sheikh Muhammad Qadir se reunió con nosotros y caminamos a su casa pasando por un puente hecho de palos verdes. Nos mostró cristales rotos y escombros alrededor de las ventanas rotas de su casa. A cinco metros de su casa la explosión de una bomba Iraní dejó un cráter de poca profundidad. “Las bombas iniciarón incendios que quemarón las cosechas en los campos de mi sobrino”, declaró, mientras señalaba las areas enegrecidas en la ladera contigua. En la cima de una montaña cercana que marca la frontera entre Irak e Irán, vimos la estructura de una base militar Iraní.

Durante tres años, los pueblos del sub-distrito de Zharawa de la provincia de Suleimaniya del Irak Kurdo han sufrido bombardeos esporádicos tanto de Turquía como de Irán. El 20 de mayo, sin embargo, el bombardeo de Irán se intensificó y entró en el edificio Sarkhan y los pueblos cercanos de Zewka, y Ali Rash. Los residentes se huyerón y formarón el campamento de Gojar a tres kilometros hacia arriba (en el sub-distrito de Qaladza). El intenso bombardeo continuó durante 25 días. Las personas atarón ramas de árboles a sus viviendas y alrededor de algunas de las tiendas de campaña para aliviar el intenso calor del verano.

Ese mismo día habíamos visitado el campamento de Doli Shahidan localizado en un plano de inundación sin árboles, el hogar temporal para 408 familias de doce aldeas en las zonas fronterizas al norte de la ciudad de Sangasar. Una familia de Villa Sarosh nos dijo que huyeron después de cuatro horas de intenso fuego de artillería Iraní dentro del pueblo el 8 de junio. Nadie resultó herido, pero casi 100 de sus animales se murieron o quedaron heridos, y los árboles y los cultivos quedaron destruidos. “Estamos muy molestos. Dejamos todo atrás como cuando llegamos,” dijo Zanib, la madre de seis hijos. “Es malo para mí, una vieja,” lamentó Shum Ahmad, de 91 años de edad, de la aldea de Ash Qulka, sentada en su pequeña tienda de campaña. “Espero que jamás esto pase a otra persona.”

En ambos campamentos, escuchamos quejas idénticas sobre las condiciones de vida: “Hace mucho calor, no hay electricidad.” “No tenemos baños ni aseos.” “En la casa teníamos nuestro trabajo por hacer, aquí no hay manera de ganar dinero.” Sangar Sarosh, de trece años, dijo: “Allá en el pueblo jugabamos juntos. Aquí durante el día no hay nada que hacer, sino buscar sombra.” Varios expresaron sus temores sobre lo que harían si estuvieran todavía en los campamentos al iniciar el mes de Ramadán el 11 de agosto. “En nuestras aldeas tendríamos más para comer y lugares frescos donde descansar,” dijo Shum. “Tengo miedo que la gente pueda morir aquí.”

Los aviones de vigilancia Turcos siguen sobrevolando sus aldeas, y tanto Turquía como Irán continúan bombardeando aldeas de las zonas más al norte a lo largo de la frontera entre Irak e Irán.  Sin embargo, los desplazados quedan claros sobre lo que quieren. Una mujer lo expresó al declarar: “Nosotros simplemente queremos que se paré el bombardeo, para poder regresar a nuestras aldeas y vivir en paz.”