REFLEXIÓN DE HEBRÓN: La calle Shuhada: Manteniendo la quietud (cuando no se puede mantener la paz)
redECAP
16 de agosto, 2010
REFLEXIÓN
DE HEBRÓN: La calle Shuhada: Manteniendo la quietud (cuando
no se puede mantener la paz)
por Sarah MacDonald
“¡Disculpen!” llamó el soldado israelí. “No pueden
caminar por esa calle.”
Elizabeth y yo nos volteamos hacia él con preguntas. “¿No podemos? Pero los
turistas alemanes que estuvieron por acá más temprano caminaron en esta ruta,”
recordó Elizabeth.
“Yo caminé por esta calle hace tres días,” agregué. “En esa ocasión nadie me
detuvo.”
El soldado se encogió de hombros. “No podemos permitir a l@s ECAPer@s caminar por
esta calle. Esa es la orden que nos han dado.”
La calle en mención era la calle Shuhada, otrora un próspero mercado palestino
en Hebrón. Desde 1979 asentaientos de israelíes radicales han brotado a lo
largo de la calle. A menudo, los colonos han hostigado y atacado a sus vecinos
palestinos.
En noviembre de 1999, el ejército israelí prohibió a los palestinos el acceso
de la calle Shuhada. Las puertas de las tiendas palestinas fueron selladas con
soldadura. Los residentes palestinos de la calle Shuhada ya no usan sus
entradas principales; se ven obligados a tomar rutas complejas traseras, a
veces subiendo escaleras o atravesando techos, para poder entrar y salir de sus
hogares. Mientras tanto, los colonos israelíes caminan y conducen libremente por
la calle. Este año, los palestinos, apoyados por activistas israelíes e internacionales,
lanzaron una campaña para “Abrir la calle Shuhada” para todos.
Generalmente los internacionales pueden caminar por esta calle. Pero aparentemente,
l@s ECAPer@s caemos en una categoría aparte, con nuestras reconocibles gorras
rojas y conocido apoyo al activismo no-violento palestino.
Aunque Elizabeth y yo no necesitábamos caminar por la calle Shuhada ese día,
queríamos retar aún este pequeño eslabón de la ocupación israelí de Hebrón. Así
que presionamos al soldado para que nos explicara el fundamento racional detrás
de la orden. “Es para mantener la paz,” dijo finalmente. “No queremos problemas
con los colonos que viven aquí.”
“Yo no llamaría a eso paz,” objeté.
“Su orden parece más relacionada con mantener la quietud.”
Me asombró que el soldado estuviera de acuerdo conmigo. “Sí, se trata de
mantener la quietud.”
“Sé que sólo está siguiendo órdenes,” continué. “Sin embargo ¿no hay un error
en esta orden? Si usted está preocupado que nosotras
causaremos problemas, entonces es apropiado nos niegue el acceso a la calle – ”
El soldado meció su cabeza en negación, claramente sin preocupación de que l@s
ECAPer@s causáramos problemas.
“Pero si está preocupado de que los colonos puedan causarnos dificultades,
entonces algo está al revés al ser nosotras
las privadas de tránsito por la calle,” concluí.
“Claro que está al revés,” admitió el soldado. “Todo aquí en Hebrón está al
revés. El sistema está equivocado – yo lo sé, ustedes lo saben - ¿Pero qué podemos
hacer? Tenemos que seguir órdenes. No hay nada que podamos hacer excepto
mantener la quietud hasta donde sea posible mientras trabajamos hacia una
solución.”
Sin embargo, mantener la quietud rara vez nos acerca a la verdadera paz. Como
Martín Lutero King, Jr. observó en su “Carta de una cárcel en Birmingham” de
1.963, los verdaderos obstáculos en una lucha de liberación son las personas
moderadas que prefieren “una paz negativa que es la ausencia de tensión, antes
que una paz positiva que es la presencia de justicia.”
Algún día, creo, los palestinos de nuevo caminarán por la calle Shuhada. De
ésta y otras maneras, experimentarán la igualdad y la dignidad que
legítimamente les corresponden. Pero la jornada para alcanzar ese día de
justicia no tendrá quietud.