REFLEXIÓN JUSTICIA ABORIGEN: Métis y Mestizos
por Julián Gutiérrez Castaño
Recuerdo que la primera vez que escuché hablar del pueblo Métis, pensé “hey, un momento, eso suena muy parecido a mí”. El pueblo Métis está compuesto por un grupo de personas de América del Norte que reconocen un origen indígena y europeo; y yo pertenezco (como la mayoría de las y los latinoamericanos) a un grupo de personas llamado ‘Mestizos’, quienes también reconocen un origen indígena, europeo, y, adicionalmente, africano. Aunque debo reconocer, con vergüenza, que los mestizos no nos sentimos tan orgullosos de nuestro origen africano e indígena como nos sentimos del europeo.
Lo que más me llamó la atención del pueblo Métis, es el hecho de que se reconozca como un pueblo aparte, con una cultura y lenguaje distinto, a pesar de estar en un contexto dominado por personas blancas que hablan inglés. A diferencia de la gente Mestiza, quienes hemos intentado sin éxito insertarnos en la cultura occidental (blanca) durante siglos, ignorando dos de los tres orígenes que mencionaba anteriormente. Otra gran diferencia, es que los Mestizos se han convertido en el grupo dominante en América Latina, un privilegio que no está exento de sacrificios. Los Mestizos practicamos una cultura que tiene sus particularidades, pero que ha sido moldeada principalmente por la cultura occidental. Los mestizos hablamos español, diferente del castellano que hablan en España, y con algunas variaciones de acuerdo al país y región, pero no deja de ser español.
La explicación a estas diferencias puede encontrarse en la historia. El pueblo Métis es el resultado de las primeras relaciones entre europeos cazadores de pieles (la mayoría eran franceses y escoceses) e indígenas de la Isla Tortuga (el nombre ancestral de América del Norte, no me estoy refiriendo a ninguna isla en el Caribe). Muchos europeos cazadores de pieles formaron pareja con mujeres indígenas. Una iniciativa muy conveniente para los europeos, ya que las indígenas tenían un profundo conocimiento de la tierra, los animales, las plantas y los lenguajes que se encontraban a lo largo y ancho de la Isla Tortuga. En este contexto, los europeos tuvieron que reconocer y respetar la sabiduría de las culturas indígenas. Los hijos e hijas de estos matrimonios fueron recipientes de una relación en la que la cultura y el conocimiento indígena eran más apropiados que la cultura y conocimiento occidental. Vale aclarar que esto sucedió antes de que los colonos, empujados por proyectos de construcción de nación y expansión de economías extractivas, se tomaran la Isla Tortuga y cayeran en prácticas colonialistas, racistas y opresivas, dándole forma a lo que hoy en día llamamos Canadá.
Las y los Mestizos en América Latina tienen una historia totalmente diferente. Los europeos mostraron desde el principio que sus intenciones eran conquistar y dominar la tierra, los recursos y los pueblos indígenas que la habitaban. Esto implicó que los pueblos indígenas fueron esclavizados, asimilados y, en muchos casos, completamente exterminados. Hoy en día, los y las Mestizas en América Latina son un claro ejemplo de racismo internalizado: casi nunca reconocemos nuestro origen indígena y africano, y el racismo está presente en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, “negro tenía que ser”, “no sea indio”, son frases comunes que utilizamos para señalar cuando alguien se está portando de manera estúpida.
Estas diferencias y similitudes entre el Pueblo Métis y el Mestizo, me hace pensar en cuanto podríamos aprender los y las mestizas del pueblo Métis. Todavía estamos viviendo en la misma tierra, así que tiene sentido que intentemos reaprender el conocimiento indígena que era mucho más apropiado para la tierra. Nuestra cultura, aunque no seamos conscientes de ello, está llena de contribuciones africanas e indígenas. Nosotros hablamos español, pero el español de América Latina es mucho más diverso que el castellano peninsular. Nuestro vocabulario puede ser rastreado hasta sus orígenes indígenas, africanos, morisco y español. El cristianismo es la religión predominante, pero nuestras iglesias y prácticas religiosas están llenas de elementos que pertenecen a religiones africanas e indígenas. Todas estas acciones: reaprender nuestra relación con la tierra, reconocer la influencia de los lenguajes indígenas y africanos en nuestro español, y darle crédito a nuestro sincretismo religioso, serían grandes pasos para combatir el racismo internalizado predominante en América Latina, y nos ayudarían a reclamar/construir una identidad que es más fiel a nuestras raíces.