REFLEXIÓN de HEBRON: Una mañana como cualquier otra

redECAP

26 de Abril del 2011

REFLEXIÓN de HEBRON: Una mañana como cualquier otra

por Inger Styrbjorn

“Biladi, Biladi... mi país, mi país ...” El himno nacional de l@s palestin@s se hace eco en los altavoces en las escuelas de todo Hebrón, donde Nina y yo estamos parad@s en el reten y observamos a cuántos niños les revisan sus bolsas. Cuentó a l@s niñ@s, pero también veo que hoy el soldado permanece en el interior del remolque, donde se encuentra el detector de metales, probablemente para que no pueda ver cómo  trata a l@s palestin@s.


El detector de metal emite un sonido para cada persona que pasa. Oigo el sonido varias veces sin que nadie salga, lo que significa que las personas que están en el interior, están siendo sometid@s a un minucioso registro. Un joven niño espera,  presumiblemente por su compañero de escuela. Él está tratando de ver lo que  sucede¹, pero el brusco soldado cierra la puerta. Cuando la puerta  finalmente se abre, un niño pequeño sale. Después de pasar varias veces por el detector, el niño es finalmente libre. Sonríe un poco avergonzado cuando se une con su  compañero, que lo está espera con su mochila, cinturón y el teléfono celular en la mano.

Una niña pequeña, tal vez de siete años, trata de tomar el atajo más allá del remolque, pero es observada por el soldado, que sale a toda prisa y la envía de vuelta. Cuando ella sale del remolque, veo que los soldados han buscado en su  mochila. Ella se detiene y cierra la cremallera del bolsón y se apresura a su  escuela.

“Wahaad, tneen, tlaate,” proviene de la ´Ibrahimi Boys' School´ (Escuela Niños de Abraham), es la voz del hombre que está liderando la asamblea de la mañana en todo el barrio, así que yo sé que son las ocho menos cuarto y los niños están haciendo sus ejercicios de la mañana. “Uno, dos, tres... hacia adelante, hacia arriba, hacia afuera.”

Algun@s niñ@s llegan tarde, puedo verl@s corriendo hacia el reten y yo sospecho que se preguntan, “¿Qué pasará hoy? ¿Cuánto tiempo se tomará pasar?”

¡Nunca me acostumbro a la mañana. Se me revuelve el estómago cuando veo el comportamiento de los soldados. Me pregunto que sucede en sus cabezas. ¿Qué sienten l@s niñ@s cuando ven a sus padres, maestr@s o herman@s humillad@s delante de tod@s? L@s adult@s reaccionan de manera diferente. A veces veo la ira hirviendo en sus pechos, otras veces nuestros ojos se encuentran en una  sonrisa compartida en esta lamentable situación. Algun@s han empujado a un lado las emociones y las ocultan detrás de una fachada impenetrable.


Durante la semana se me preguntó, “¿Qué es lo peor con que te enfrentas [en Hebrón]?” Cuando pienso en ello, son precisamente estas mañanas en el reten. Es la humillación y el acoso por parte de estos jóvenes soldados, con sus grandes armas, lo que me hace sentir peor. En el camino de regreso al equipo,  algunos  soldados están entrenando. Cuando entramos a la calle, veo dos soldados, uno  a cada lado de la calle, con sus armas apuntándome, mientras que otro, que al parecer acaba de terminar de disparar, corre hacia un callejón. Debido a que su ejercicio es interrumpido, el comandante y los soldados siguen adelante. Si solo ellos supieran que nosotr@s vamos directamente a casa para orar por ellos. Es’ una mañana como cualquier otra.