REFLEXIÓN IRAQ: Se necesita un pueblo
redECAP
26 de Enero 2012
REFLEXIÓN IRAQ: Se necesita un pueblo
por Bud Courtney
La camioneta de muchos colores recorre su trayecto a lo largo del camino de
tierra rocosa, y con cuidado hacia arriba de la colina. Viendo hacia adelante
yo puedo ver: a veinticinco o más niños pequeños vestidos con sus uniformes de
colegio, de pie en frente del edificio, rodeando sus dos maestros. A medida que
descubrierón nuestro vehÃculo (no muy difÃcil de hacer), comenzarón a saltar de
arriba a abajo, trotando en el lugar, y saludarnos.
Éramos tres miembros del Proyecto de Mujeres de Halabja más ECAP pasante Ramyar
y yo. El proyecto de hoy fue parte del trabajo de la Asociación para la
Asistencia en Crisis y la Cooperación Solidaria para el Desarrollo (WADI).
Nuestro equipo habÃa tenido una reunión con el WADI coordinador del proyecto,
Sauuda, e invitó a ECAP a participar en todo lo que creyeran conveniente. Uno
de los proyectos que mencionó me llamó la atención: parque móvible. Sauuda
explicó que conducen a uno de los 54 pueblos de los alrededores de la ciudad de
Halabja y crean un pequeño parque infantil para los jóvenes del pueblo por una
hora o menos, 5 dÃas a la semana. Esto sonaba más como un dÃa de descanso de un
proyecto de trabajo para mÃ, y yo inmediatamente le dije que estarÃa interesado
en participar en un viaje con ellos, si fuera posible. Sauuda y nuestro equipo
se hechó a reÃr, tal vez pensando que yo era el tonto otra vez, pero me dijo
que estaba bien. Nosotros le llamamos por teléfono al dÃa siguiente y quedamos
de acuerdo para Ramyar y yo ir a su encuentro en Halabja a menos que lloviera,
en cuyo caso no saldrÃa.
El dÃa amaneció oscuro y frÃo pero sin lluvia. Nos fuimos. Otra llamada de
teléfono mientras estábamos en el centro de Halabja y esperamos unos momentos
más. A continuación, una camioneta VW llegó, me recuerda a las camionetas VW que
fueron la sensación en Nueva York en la década de 1960. Se estacionó en la
acera y nos subimos, dos mujeres, tres hombres y una carga completa de
juguetes, juegos y equipo deportivo.
Salimos de Halabja, pasamos el puesto de chequeo de control de la ciudad
y salimos a un camino de tierra, y continuamos hacia el pueblo, antes de ser
espiados por los niños.
Hemos creado dos mantas, y resbaladillas, una sube y baja, balones de
fútbol, bolos y bolas de plástico, plastilina, juguetes y joyas - aparentemente
para todos los gustos. Me miró por un momento, cogió una bola de calcetin.
Pronto nosotros dos jugando a la pelota se convirtió en cinco de nosotros, con
los demás entrando y saliendo. Estábamos riendo y simulando unos a otros,
aplaudiendo buenos intentos.
En muy poco tiempo, la hora habÃa terminado. Los niños en fila y les
dimos un libro y un juguete. Los maestros les escoltarón de regreso a las aulas
a mientras que nosotros volvimos a cargar la camioneta y nos fuimos.
No creo que hablé diez palabras en aquel momento, ya sea en Inglés o Kurdo
(diez palabras que se acerca el lÃmite de mi vocabulario Kurdo), pero a medida
que nos retiravamos, sentà que habÃa hecho algún trabajo por la paz. Nos
miramos a las caras unos a otros y tomamos el riesgo de jugar con otros, la
acogida al extranjero. Y yo me pregunto, ¿por qué es que nosotros los adultos
no somos tan libres y abiertos con los demás? ¿Por qué es tan difÃcil para mÃ
llegar a otro adulto y una sonrisa? ¿Y qué podrÃa el mundo si todos
estuvieramos dispuestos a correr ese riesgo?