COLOMBIA: Donde dos o tres... o quince están reunidos
redECAP
23 de abrÃl 2012
COLOMBIA: Donde dos o tres... o quince están reunidos
por Julie Myers
Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre,
allà estoy yo entre ellos. - Mt. 18:20
Apenas unas semanas después del DÃa Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, parece que la situación de las mujeres en la región es tan grave como siempre. El 22 de marzo, la Organización Femenina Popular (OFP) nos pidió que visitemos la casa de una amiga y colega, se llama Iluminada. Su vecino, un hombre que se identifica como un paramilitar atacó y amenazó a ella en su casa. Ella hace parte de la OFP. En una demostración de solidaridad hermosa, once mujeres de la OFP se presentaron a su casa esa mañana, con cuatro ECAPeros, dos del equipo de Colombia, y dos visitas de una delegación que trabajan en otros paÃses.
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| Once mujeres de la OFP con Iluminada |
Desafortunadamente, la alegrÃa de este encuentro se disipó pronto. El domingo 25, recibimos otra llamada de la OFP, esta vez por un caso de abuso doméstico. La mujer habÃa sido golpeada hasta quedar inconsciente por su marido, quien la amenazó de muerte. Ella tiene 21 años. Y no era la primera vez que él la golpeaba. La ginecóloga que la examinó en el hospital la contactó con la OFP. Ella luchó para caminar, respirar, sentarse, pararse, mantener los ojos abiertos. OFP llamó a la policÃa para registrar su denuncia. Dos policÃas se presentaron. "¿Qué hiciste para que te golpeará?" Ellos no sabÃan qué hacer. Llamaron a otros dos policÃas. Ellos no sabÃan qué hacer. Llamaron a otros dos policÃas. Finalmente, cuando ocho policÃas estaban en la casa de la mujer de la OFP, decidieron que no sabÃan qué hacer para este caso común de violencia doméstica. Asà que se fueron.
Nos fuimos a la SIJIN para hacer la denuncia. Gloria, de la OFP, pidió que la mujer sea acompañada a la casa de su vecina, en donde su hijo de cuatro años de edad estaba quedando. Nos dijeron que no podÃan porque no era seguro. Gloria pidió que la policÃa de hospedaje a ella esa noche. Una vez más, nos dijeron que no podÃan. Debido a que Gloria predijo esta respuesta, ella viaja con una copia de la ley. Ella abrió el texto y señaló los derechos de las vÃctimas de abuso. El derecho de un lugar seguro donde quedarse. El derecho de acompañamiento a su casa, en seguridad. Sin suerte!
En cambio, esta mujer dormÃa en una colchoneta en el piso de la Casa de la Mujer. Al dÃa siguiente tenÃa más citas: médicos, denuncias, horas de sentarse y esperar - dolorosamente. Cada movimiento parecÃa insoportable. Gloria luchaba por cada "derecho" que tenÃa, a pesar de los "derechos" por su propia definición debe concederse libremente y no casi imposible de alcanzar.
Cuando la policÃa finalmente accedió a acompañar a esta mujer a su casa para reunirse con su hijo, con una orden de restricción contra su marido en la mano, Gloria cansada dejó escapar un suspiro. Ella habÃa acompañado a esta mujer por más de 24 horas, luchando con las uñas por la dignidad de esta mujer. Ella habÃa hablado con decenas de policÃas y funcionarios del gobierno en nombre de esta mujer. Ella guardó el texto de la ley en su sobre de plástico. Ella lo va a necesitar de nuevo muy pronto.
Ambos acompañamientos con la OFP, la alegrÃa de estar en la casa de Iluminada y la tristeza de ver a esta mujer golpeada por su marido, asà como la ley, eran verdaderos reflejos del verso de Mateo. Jesús fue sin duda presente con todos los quince de nosotros mientras tomábamos tinto y nos reÃamos, y Jesús fue sin duda con nosotras mientras la levantamos fÃsicamente a esta mujer de su silla, debido a los dolores en su espalda para ir a poner la denuncia. No es de extrañar por qué las mujeres de la Organización Femenina Popular están constantemente bajo amenaza. Su fe es de acción. Viven la solidaridad - literalmente - en hospedar a las oprimidas, visitando a las personas vulnerables, sanando a las heridas, y caminando al lado de una a la otra en este viaje. Que sigan siendo ejemplos inspiradores de lo que significa ser cristiano en estos tiempos difÃciles. Y que podamos seguir reuniéndonos con ellos: dos, tres, o quince de nosotros, y sentir la presencia de Cristo.
