REFLEXIÓN DE KURDISTÁN IRAQUÍ: Sobrepasando barreras
redECAP
11 de Agosto, 2012
REFLEXIÓN DE KURDISTÁN IRAQUÍ: Sobrepasando barreras
Por Carrie Peters
Era un domingo, un día para visitas, a finales de Julio. Hombres y mujeres se sentaron debajo de los árboles en un patio; los niños jugaron. Pasando por alto la alta cerca con alambre de púa y los guardias patrullando el perímetro, parecía un patio de escuela mas que una prisión.
Habíamos venido a ver a Bilal, un conocido del equipo, el cual había servido casi un año de la sentencia de veinte años por un homicidio que el jura no cometió.
Mientras que el empleado de la prisión nos acompañaba al cruzar el patio, Bilal salía por una puerta, apoyándose pesadamente sobre un bastón y levantando su otra mano para saludarnos. Su sonrisa brillante me hizo olvidar por un momento que el era un prisionero.
Entonces el empleado nos escoltó a un cuarto donde faltaban suficientes sillas. Le pedimos a Bilal que se sentara porque el estaba lastimado. Un balazo en el tobillo el año pasado dejó una horrenda cicatriz. El dice que necesita una segunda cirugía y piensa efectuarla en cuanto salga en libertad.
Mientras que Bilal seguía hablando, nos mudamos a otro cuarto con suficientes silla s y un guardia detrás de un escritorio escuchando intencionalmente. A Bilal no le importó. Su historia no es un secreto. De acuerdo a lo que el dijo, parece que el fue objeto de un montaje por un homicidio que el no cometió – el homicidio de un oficial de la policía.
Al alcance del oído del guardia, el añadió que todos éramos desconocidos aquí y que el guardia allí podría tomar un libro de otro escritorio para el y cuando otro guardia le preguntara a cerca del libro, podría decir, “Esas nuevas personas lo tomaron!” y nos metería en problemas. Así es como marchan las cosas por acá con las autoridades, dijo Bilal. No fue alentador, dado el caso de que el y su abogado están preparando una apelación a su convicción.
La familia de Bilal entonces nos invitó a una sala donde habían preparado un gran almuerzo – durante el Ramadán. Su madre y su hermana me saludaron con besos, una costumbre Kurda, y los hombres intercambiaron los saludos y apretones de mano de costumbre. Aprendimos que la familia de Bilal viaja desde Halabja cada semana para visitarlo a un costo bastante alto. El hecho de que todo el mundo debe ayunar durante el Ramadán no parecía molestarles. Creo que éramos los únicos allí con comida. La calidez de la familia de Bilal, sus sonrisas y atención considerada, en este lugar, bajo estas circunstancias crearon un ambiente surreal.
Bilal dijo que los guardias lo trataron bien, que los prisioneros son bien alimentados y tienen acceso a servicio sanitario y duchas – pero todavía es una prisión. Bilal duerme en un cuarto con unos cincuenta hombres. Las autoridades prohíben los canales de televisión no oficiales y cualquier periódico o libro que no es publicados por los partidos políticos. El cuarto de ejercicio, le dijeron, es solo para los prisioneros que han estado allí por un largo tiempo. Talvez en cinco años lo puede usar, le dijeron.
El tiene acceso a su abogado y espera que su apelación tenga éxito y que será libre para el invierno.
Los guardias le dijeron a Bilal que debía regresar al barracón y comenzamos a despedirnos. A medida que le soplé un beso de despedida a la mejilla de la mamá de Bilal, vi sus lagrimas. Desesperada en sobreponerme a las barreras del idioma, vertí todas mis palabras perdidas en mis ojos y apreté mis manos contra las suyas.
“Khwa hafis,” nos dijimos los unos a los otros como despedida. Vaya con Dios.
Tendrá que ser suficiente.