IRAQÍ REFLEXIÓN KURDISTÁN: “Su futuro es la tierra ... nuestro futuro es el mundo.”

redECAP
22 de Agosto, 2012
IRAQÍ REFLEXIÓN KURDISTÁN: “Su futuro es la tierra ... nuestro futuro es el mundo.”

por Pat Thompson

El aire era caliente. Espesas nubes de polvo bailaban por todo el campamento, ondeando las tiendas de campaña de la ACNUR como velas de barco. El calor del mediodía obligo a los hombres y mujeres de nuevo a la sombra de sus tiendas de campaña. Los niños, sin saber, corrían bajo el sol, con cautela subían en el acero caliente de gimnasio de selva, subiendo, tratando de no quemarse, jugando con el calor.

 
Una nube de polvo azota el campamento de Domiz.
 

Los niños tienen su futuro. Su pasado es fugaz. Inexistentes en el gran esquema del mundo, el recuerdo de la tierra, son olvidados, excepto por el zapato perdido o la muñeca caída que el polvo traga y digiere, sumándolos a los milenios de artefactos que se incorporan a la roca, las capas de historia esperando a ser decodificadas por equipos de arqueólogos e historiadores que preguntan: “¿Cómo era la vida en Domiz?”

El campo de refugiados Domiz, uno de los muchos que salpican las fronteras de Siria, actualmente alberga a unos 4,000 Kurdos Sirios. Se prepara para más, los que huyen de la violencia de la política fallada o de la guerra civil.

Khalil escapó Damasco hace tres meses, con los miembros de su familia que podían soportar las semanas de viaje por el calor del desierto Sirio, a través de los francotiradores que esperaban en la frontera. El estaba sentado, sosteniendo su hijo menor, un niño con los ojos muy abiertos, en la tienda ondulante de su familia. Khalil y su familia habían ofrecido lo poco que tenían para nosotros “occidentales”, en honor a un pilar del Islam, la hospitalidad para el extranjero.

“¿Dónde están tus mayors?” les preguntamos, rodeados de barones, y mujeres que amamantaban a sus niños inquietos. “Su futuro es la tierra,” reflexionó Khalil. No van a salir de casa. Sus padres, sus ancianos, aceptarán su destino y morirán donde nacieron, donde han vivido y amado, reído y llorado. Khalil y su familia no hallan motivo para volver, reestablézcase o no una eventual estabilidad en Siria, o en su región Kurda, autónoma en la actualidad. Después de décadas de dictadura opresiva, que siguieron los siglos del Dominio Otomano, el futuro es nefasto para los Kurdos Sirios.


 Khalil y su hijo

Entonces Khalil y los miles de Kurdos Sirios como él miran al “Oeste”, a Europa, Estados Unidos, por el futuro de sus hijos, por su futuro. Si nosotros, el “Oeste”, abrimos nuestras puertas, entonces el hijo de Khalil tendrá un buen futuro. “Que vaya a estudiar en cualquier país occidental.” exclamó jubilosamente. “En diez años, será educado, tendrá su propio computador portátil.... Que viva allí, y aprenda diez idiomas... Se convertirá en un traductor si vuelve aquí.”

Un sueño, pensé,mientras yo tomaba el agua helada me había servido Khalil. Un sueño del corazón, con mérito, pero siempre un sueño. “El Oeste” es la tierra de los sueños, de la “libertad,” de la paz—calificativos que creo que todos cuestionamos, según los criterios de cada quien. Pero aparte de esta tienda y su polvoreada condición de refugiados, los sueños son todo lo que tienen. Khalil sonrió, “Nuestro futuro es el mundo.”

A veces, In’shallah (si Dios quiere), los sueños se hacen realidad.